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Solurban devuelve seguridad y durabilidad a infraestructuras críticas

Hay intervenciones que no pueden esperar. Infraestructuras afectadas por fenómenos extremos, estructuras expuestas a ambientes agresivos o elementos que han perdido su capacidad resistente requieren algo más que una reparación superficial.

Este mes, seguimos avanzando en proyectos clave donde el objetivo es claro: recuperar seguridad, evitar futuras patologías y garantizar durabilidad real.

Utiel: recta final en la rehabilitación de puentes tras la DANA (90% ejecutado)

En la rehabilitación de los puentes afectados por la DANA en Utiel, el punto de partida era claro: la estructura presentaba un deterioro avanzado que no podía abordarse con soluciones superficiales. El paso del tiempo, sumado a las condiciones extremas provocadas por el episodio meteorológico, había generado una degradación significativa del hormigón. En distintos puntos, las armaduras quedaban expuestas y afectadas por procesos de corrosión, comprometiendo no solo el estado actual de la estructura, sino su durabilidad futura.

La intervención se ha planteado desde un enfoque técnico integral. Se están aplicando morteros de reparación estructural de alta resistencia (clase R4), que permiten restituir las prestaciones mecánicas del hormigón. Paralelamente, se están incorporando inhibidores de corrosión para frenar el deterioro de las armaduras y prolongar su vida útil.

En las zonas donde ha sido necesario consolidar el interior del elemento, se han ejecutado inyecciones con resina epoxi, garantizando la continuidad estructural. Finalmente, la protección superficial mediante sistemas de poliurea crea una barrera duradera frente a agentes externos, especialmente relevante en entornos expuestos a humedad y condiciones agresivas.

Porque cuando se trata de infraestructuras críticas, no vale con reparar. Hay que garantizar que no vuelva a fallar.

Ribadesella: cuando el entorno exige soluciones de alto nivel

Trabajar en un entorno marino no es lo mismo que trabajar en ciudad. Las estructuras están sometidas de forma continua a la presencia de humedad, a un ambiente salino que acelera los procesos de corrosión, a ciclos constantes de mojado y secado y a la acción directa del viento y la lluvia. Este conjunto de factores genera un desgaste progresivo que, si no se aborda correctamente, puede acortar significativamente la vida útil de los materiales.

En este tipo de entornos, el hormigón no se deteriora de forma puntual, sino de manera continua. Las armaduras quedan expuestas antes, la corrosión avanza más rápido y los sistemas de impermeabilización sufren un envejecimiento acelerado.

Por eso, intervenir en una infraestructura en ambiente marino no es solo cuestión de reparar lo que se ve. Es entender cómo va a comportarse la estructura en el tiempo y actuar en consecuencia. Cada decisión técnica —desde la selección de materiales hasta la forma de ejecución— debe estar orientada a resistir estas condiciones. No basta con aplicar una solución estándar: es necesario trabajar con sistemas específicos, diseñados para proteger frente a la corrosión, garantizar la estanqueidad y mantener las prestaciones estructurales en el largo plazo.